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ALMA


El término latino anima (que traduce el griego psiché) indicia el principio que otorga la vida y se cree presente en cualquier ser vivo (animales y seres humanos). Es una idea anterior al desarrollo de la religión hebraico-cristiana, presente en muchos cultos politeístas y presente también en el pensamiento mítico. En Grecia, la existencia de esta concepción se afirmaba ya en los misterios órficos, en cuyo ámbito el alma era concebida como una entidad inmortal diferente del cuerpo, principio de la vida, de la sensibilidad y del pensamiento, capaz de trasmigrar de un individuo a otro tras la muerte según el principio de la metempsicosis. En la historia de la idea de alma, dos cuestiones en particular han sido objeto de controversias:

  • si se trata de una sustancia material o bien espiritual;
  • si es individual o universal.

La hipótesis más acreditada entre los griegos afirma que el alma consiste en un elemento en alguna medida corpóreo, una sustancia particular muy refinada, siempre natural. Tanto en el hombre como en los animales, sería visible en el pneuma (-->), el <espíritu vital> que entra en el cuerpo durante el nacimiento y sale a través de la boca con el último aliento.

La primera teoría orgánica la desarrolló Platón. En el Fedro la definió como <lo que se mueve a sí mismo. En efecto, todo cuerpo que recibe desde fuera su movimiento es inanimado, mientras que el que lo tiene dentro y lo recibe de sí mismo es animado: ésta es la naturaleza del alma>. Por tanto, para Platón, el alma es una realidad individual unida al cuerpo que la alberga, pero separable de éste. En el hombre es la parte más noble, la única capaz de realizar operaciones cognitivas: es decir, capaz de aprehender los significados verdaderos de las cosas (las ideas eternas y universales) allí donde los sentidos muestran una realidad mutable y siempre particular. 

El único filósofo que no aceptó la consideración de que el alma es una sustancia fue Aristóteles. Según su parecer, el alma no es una realidad separada, distinta del cuerpo, sino la forma del cuerpo, donde por <forma> no debe entenderse la apariencia exterior, sino su lógica interna, el empuje dinámico que realiza su potencialidad. Por consiguiente, Aristóteles negó la inmortalidad del alma individual, la cual no puede sobrevivir al cuerpo al que está inseparablemente unida.

El cristianismo insistió en el hecho de que el alma debe ser considerada un atributo personal de cada hombre; ésta es inmortal, pero está ligada indisolublemente a un individuo en particular. Por otro lado, los Padres de la Iglesia se mostraron mucho más indecisos respecto al problema de la naturaleza física del alma, sin llegar a excluir completamente la idea de que pudiese tratarse, como ya habían sostenido los griegos, de un elemento material. El cristianismo acabó aceptando la doctrina médico-filosófica del pneuma, que proporcionaba el soporte científico para imaginar o, de alguna manera, representar las nociones de <espíritu> y de <alma>. Es una continuidad subrayada por el léxico teológico medieval: a menudo, el término cuerpo pneumático era usado como sinónimo de alma y pneumática (literalmente <ciencia de los espíritus>) era sinónimo de angelología (-->).




TOMADO DE ATLAS UNIVERSAL DE FILOSOFÍA - OCEANO